El Pendrive de Bocha
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Proeza tuya, solo tuya



Hay recuerdos que uno tiene bien presente, de esos que, como un tatuaje, llevamos en la piel. Yo ya no sabía que tenía, pero deseaba con todo mí ser dejar de tenerlo, era una situación horrible, y solo ella me podía ayudar, aunque desesperada, no sabía cómo. Claro, poder y saber no siempre van de la mano.

Y fue desesperada donde se iluminó, muy decidida me miró y me dijo: “¡nos vamos, vos así no seguís…!” yo la miré moribundo, sin ánimos de contradecir y usando la poca fuerza que tenía intente calmarla, admito que me asustó verla así.

El viaje no era tan largo, pero a mí se me hizo eterno. Llegamos y el pinchazo no se hizo esperar, hubiera sido mejor seguir viajando. Sentados en una cafetería, ella y yo, silencio alrededor. Una mesa en el medio, y lo más importante, una Sprite (quizas 7up, no lo sé, no lo recuerdo con claridad). Era el momento de la verdad, ahí estábamos los dos, mucha tensión, mucho silencio, parecía una tanda de penales, yo pateaba, si entraba todo bien, hubiera alzado la copa, si salía me quedaba ahí, no podría volver a casa.

La miré, me miró y dijo: “toma, vamos”. Me hice el distraído unos segundos, mirando por la ventana, volví la vista hacia la botella y comencé a beber. Lentamente, muy lentamente, ahí estaba el truco, o por lo menos eso pensé. El liquido bajaba, casi estaba por la mitad de la etiqueta, me ilusioné con que lo estaba logrando. Y cuando estuve a punto de festejar por el suceso, comenzó a subir por mi cuerpo, la sensación odiosa, el ardor en la garganta, salí corriendo y destrocé el baño. Sensaciones ambiguas me inundaron, alivio por un lado, bronca y tristeza por otro. Lo tiré afuera, la quise asegurar dándole duro y abajo, en aquel lugar que los veteranos llaman “la cueva” del arco, pero la pelota se fue rozando el poste. Perdí el partido. Solo quedaba llorar, dejarse caer en el césped y llorar.

Estando ahí, una mano me tocó la espalda, me di media vuelta, y la vi, era ella, con una voz que, mierda que me hubiera gustado haber grabado ese momento, una voz calidad que me decía “tranquilo Cris, yo te voy a cuidar, voy a estar a tu lado hasta que te mejores, y lo vas a hacer, estarás bien”.

Palabras que se transfloraron en hechos, día a día me hizo el aguante como nadie, me cuidó, se peleó por mí, fuera y dentro del sanatorio. Se portó como una reina, me brindó lo que más necesitaba: amor y contención. No hay más para pedirte, simplemente no lo hay. Recuerdos como estos son parte de un álbum completo de proezas tuyas, si, si, solo tuyas, que conté, cuento y seguiré contando. Recuerdos de esos que mis hijos, y los hijos de mis hijos escucharan de vos. Te amo con el alma mama. Un amor muy diferente, un amor de madre.



Escena extraída de la realidad: una vez que terminé de escribir el post, fui a buscarte a la cama, para abrazarte, te confieso que lloré mientras escuchaba la canción y escribía las líneas que acabas de leer. Lloré, pero no de tristeza, todo lo contrario, de alegría, de la alegría enorme que me da tenerte. Te amo, y como no hacerlo si me cuidaste y me cuidas tanto.

PD: espero que la metáfora futbolística no te confundiera aunque seguramente sí lo hizo, porque en realidad esa fue mi idea. ¿Confundí más? Mejor.

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